Aprovechando que el Velero venía a tierras españolas antes de regresar a México, pues mi mamá me envió algunas cosas junto con ropa y libros (qué bueno porque nos ahorramos un chorro de lana, por aquello del sobre equipaje). Así que mi maridín y yo nos lanzamos el viernes por la tarde rumbo a Bilbao, hicimos como 4 horas.
Como al principio nos dijeron que llegaba al puerto (éjele que en México no tienen ni idea del tamaño del puerto!) pues buscamos un hotel cercano: nos quedamos en el NH que hay en Santurzi. Bilbao estaba a unos 10 minutos en coche, al lado de Portugalete (son 4 ciudades pegadas unas con otras). Pero justo el jueves JM se enteró que el Velero llegaba al muelle del Museo Marítimo, que resuló ser del astillero en donde lo hicieron y que ahora está convertido en museo. Total que luego de registrarnos salimos a ver dónde quedaba el metro y ver algo de Portugalete, ahí hay una calle tan empinada que hasta rampa tuvieron que poner! Vi 4 tramos de rampas porque no quise bajar más por aquello que se fuera a ir la luz y tuviera que subir caminando. En fin, una vez que vimos dónde quedaba el metro pues nos regresamos para ver algo de Santurzi y luego a cenar para levantarse temprano al día siguiente.
El sábado llegamos al muelle del Museo y no había nada! según esto el barco llegaba a las 10 de la mañana, luego del susto preguntamos en el Museo y nos dijeron que llegaba sobre las tres cuando la marea subiera (algo más que en México no tomaron en cuenta para hacer el itinerario), así que nos fuimos a caminar por la orilla de la ría; así llegamos al Museo Guguenheim, le dimos la vuelta por fuera (está padre y contrasta sobre manera con el resto de la arquitectura de la ciudad) cuando entramos y vimos el precio de las entradas decidimos que no entrábamos (qué tal que no nos gusta la colección permanente?). En fin, que antes de irnos a buscar en dónde comer, pasamos a hacer un poco de shopping. Caminamos de regreso hacia el Museo Marítimo y sorpresa!!!! el Velero estaba atracando. Asi que sólo terminamos de ver las maniobras de atraque en lugar de ver cómo entraba. Luego de comer y sin pensarlo, ese día subimos a bordo (se suponía que las visitas comenzaban el domingo) y me dieron unos regalos que me mandaron con el Dr. Méndez; también dimos un breve recorrido por la cubierta del barco para que JM lo conociera y nos pusimos de acuerdo para que me entregaran tres cajitas que me mandó mi Má. Luego de eso seguimos paseando por la ciudad hasta que nuestros piecesitos dijeron que ya no podían más (tortura que siempre hace mi marido cuando vamos a algún lado), cenamos y nos fuimos a dormir al hotel.
El domingo por más que intentamos no pudimos levantarnos temprano y llegamos casi a las 10 al muelle, en lo que subían las cajas de donde las tenían guardadas nos invitaron un café y un pan recien salido del horno (yumi, yumi), mientras esperábamos nos plaricaron el menú que se iba a servir el martes que había recepción (a la que no pudimos quedarnos porque mi marido tenía que trabajar, buaaaaaa!): cochinita, tinga, sopicitos, enchiladas, volovanes, etc. mejor ya no le sigo que me dan ganas de comer. Luego de firmar de recibido, nos dieron las cajas y pudimos regresar al hotel para dejar el coche en el estacionamiento y conocer lo que nos quedaba por ver: el Museo Marítimo (decidimos dejarla para el final). Luego de comer nos regresamos para Madrid.
Tengo que decir que los vascos me sorprendieron gratamente, a pesar de que izar una bandera española crea problemas ahí, lo primero que lees en los letreros está en español y luego en vasco, la gente habla en español aunque alguna vez escuché a la gente hablando vasco; algo que en Barcelona no pasa porque todos los letreros están en catalán y la gente habla catalán y casi nada de español. En fin, que es un país suigeneris.
Hasta aquí llegamos con la última novedad, que tengo que terminar de cocinar.
Un beso
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